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Diferencias entre activo corriente y activo circulante

Publicado por Ana Zúñiga | 4 de diciembre del 2018
Diferencias entre activo corriente y activo circulante

De acuerdo con la sección 2,  párrafo 15, Literal (a) de las NIIF para Pymes, un activo es “Un recurso controlado por la entidad como resultado de sucesos pasados, del que la entidad espera obtener, en el futuro, beneficios económicos.” En otras palabras, se trata de los bienes o derechos que una empresa posee y pueden transformarse en dinero en efectivo u otros recursos líquidos equivalentes.

Todo claro hasta ahí. Sin embargo, existe cierta confusión en lo que respecta al activo corriente y activo circulante. Generalmente, son entendidos como sinónimos para definir los bienes o derechos que la empresa espera vender o consumir en un lapso de tiempo inferior a 12 meses. Aunque es una definición correcta, existen algunas sutiles diferencias entre ambos conceptos. 

Cabe señalar que las cuentas de activo corriente y activo circulante son de las más utilizadas en Chile, aunque pueden variar en razón de las características específicas de la contabilidad de cada negocio. De ahí que sea imprescindible aclarar las diferencias entre los dos conceptos.

Ejemplos de activo circulante y activo corriente

En términos generales, el activo corriente hace referencia a la liquidez de la entidad económica. Por lo tanto, guarda una estrecha relación con tesorería y es un elemento fundamental para establecer la solvencia del negocio, cubrir sus gastos administrativos y realizar inversiones. En otras palabras, se trata de los bienes y servicios de los que la empresa puede disponer inmediatamente para asumir el pago de deudas a corto plazo, así como todos los costos asociados a la continuidad de las operaciones. 

Por ejemplo, son activos corrientes el dinero en caja, las cuentas bancarias y los deudores a corto plazo, como los clientes.

Por su parte , el activo circulante engloba lo anterior, pero es menos líquido que el corriente porque está estrechamente relacionado con el capital que permanece en movimiento constante. Aunque también puedes monetizarlo en momentos determinados para asumir el pago de deudas o gastos administrativos, no cumple esa función. Piensa, por ejemplo, en el inventario, los valores negociables y las inversiones en acciones y papeles comerciales. Todas ellas son propiedad de le empresa y puedes convertirlas en dinero en efectivo rápidamente, pero poseen menos liquidez que el dinero en caja.

Es una diferencia sumamente sutil, pues al final ambos conceptos se refieren a bienes y derechos de alta liquidez. Pero es importante tenerla en cuenta para llevar una contabilidad y finanzas más ordenadas, especialmente en lo que respecta a temas donde el activo corriente y activo circulante juegan un papel fundamental, como la determinación de la solvencia.

En todo caso, de una buena gestión de los activos y pasivos corrientes de la empresa depende la obtención de  indicadores positivos en términos de capital de trabajo y liquidez.

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¿Qué otros activos existen?

Los activos anteriormente tratados hacen referencia a los bienes y derechos que la empresa puede vender, consumir o emplear en un lapso inferior a 12 meses. Ahora, seguramente te estarás preguntando ¿cómo se clasifican los que no cumplen con esta condición?

Bien, pues los activos no circulantes y no corrientes se clasifican en las siguientes categorías

  1. Activos fijos: son los bienes y derechos que no puedes convertir en líquidos en el corto plazo. Además, suelen ser imprescindibles para las operaciones de la empresa, por lo que no puedes destinarlos a la venta a menos que los puedas remplazar inmediatamente. Las cuentas más conocidas en esta categoría son terrenos, inmuebles, maquinaria, mobiliario, equipos y elementos de transporte. No obstante, también se clasifican aquí los bienes intangibles, es decir, aquellos que no puedes tocar, pero representan capital y puedes explotar. Por ejemplo, los derechos de propiedad industrial como la marca y las patentes de invenciones. 
  2.  Activos Diferidos: son los bienes o servicios que pagas antes de consumirlos o efectuarlos. Por ejemplo, las primas de seguros, las rentas y los intereses diferidos.
  3. Otros activos: en esta categoría se incluyen los activos que no encajan en los grupos anteriormente descritos. Cuentas de bienes de arte y cultura, bienes entregados en comodato y derechos de sucesión suelen ser las cuentas más conocidas en este grupo. 

Todos los activos suponen beneficios para la empresa, independientemente del plazo en el que los materialices. Por lo tanto, todos son importantes, aunque la gestión de los corrientes y circulantes merece atención constante por la estrecha relación que guardan con la liquidez de la empresa. 

Actualmente, existen softwares contables que ofrecen planes de cuentas predefinidos bastantes completos, pero también permitirán incluir los que que estimes convenientes para llevar la contabilidad de tu empresa. Incluso, los más avanzados ofrecen la posibilidad de implementar las NIIF. Todo ello simplifica el registro de activos y garantiza una administración ordenada, aspectos fundamentales para cuidar el capital del negocio.

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