La brecha se cierra: ¿Dónde está el emprendimiento femenino hoy?

Hace menos de una década, la diferencia entre la actividad emprendedora de hombres y mujeres en Chile era notable.

Hoy el escenario cambió de forma significativa.

Según el Reporte Nacional GEM Chile 2018, había 7 mujeres emprendedoras por cada 10 hombres. Pero el salto más importante vino después.

De acuerdo con el informe Global Entrepreneurship Monitor (GEM) 2023-2024, la diferencia entre la tasa de actividad emprendedora masculina (32%) y femenina (30%) se redujo a apenas dos puntos porcentuales, algo impensado hace pocos años.

En términos prácticos, la actividad emprendedora de las mujeres prácticamente equiparó a la de los hombres.

Si bien cada vez más mujeres se animan a emprender, el reto no está solo en dar el primer paso.

Los datos sugieren que la participación femenina es más fuerte en las fases iniciales del emprendimiento, pero disminuye conforme los negocios avanzan hacia etapas de consolidación y crecimiento.

Esto pone de relieve la importancia de fortalecer el acceso a financiamiento, redes de apoyo y herramientas de desarrollo empresarial.

¿Por qué emprenden las mujeres en Chile?

No todas llegan al emprendimiento por el mismo camino. Para entender el fenómeno hay que distinguir dos motivaciones principales: el emprendimiento por oportunidad y el emprendimiento por necesidad.

El primero ocurre cuando una mujer identifica una idea de negocio viable y decide desarrollarla desde una posición de relativa estabilidad.

El segundo surge como respuesta a una situación de desempleo, precariedad laboral o falta de opciones en el mercado formal.

¿Dónde emprenden las mujeres en Chile? Regiones y sectores

Según el informe El Microemprendimiento Femenino en Chile del Ministerio de Economía, basado en la Encuesta de Microemprendimiento (EME 6), el 73,8% de los negocios liderados por mujeres se concentra en los sectores de servicios y comercio.

Es decir, casi tres de cada cuatro emprendedoras chilenas opera en estas dos industrias, lo que refleja tanto una inclinación natural hacia rubros orientados a personas como, en parte, las barreras de entrada que existen en sectores más capitalizados como manufactura o tecnología.

En cuanto a la distribución territorial, las regiones con mayor proporción de microemprendedoras respecto a su fuerza laboral femenina son Atacama (38,6%), La Araucanía (38,2%) y Tarapacá (36,4%), según la misma fuente.

Un dato que rompe el mito de que el emprendimiento femenino es principalmente un fenómeno de Santiago: las regiones del norte y la zona sur del país muestran una participación femenina igual o superior a la de la Región Metropolitana.

En el sector tecnológico, la presencia femenina aún es minoritaria, pero la tendencia es clara.

Start-Up Chile, la aceleradora pública de CORFO, ha impulsado desde 2020 su iniciativa Female Founder Factor con el objetivo específico de aumentar la participación de mujeres en el ecosistema de innovación, incluyendo mayor cofinanciamiento para emprendedoras y cuotas de paridad en sus convocatorias.

Los obstáculos reales: qué frena a las emprendedoras chilenas

El financiamiento sigue siendo el muro más alto

El acceso al capital es el principal obstáculo para cualquier proyecto. Para las mujeres, este problema se agrava por factores estructurales.

Un dato revelador viene directamente del Banco Interamericano de Desarrollo: un estudio del BID realizado en Chile demostró que las solicitudes de crédito presentadas por mujeres tienen un 18,3% menos de probabilidad de ser aprobadas que solicitudes equivalentes presentadas por hombres, a pesar de que las mujeres en Chile muestran mayor regularidad en el pago de sus deudas.

Una tasa que evidencia no solo una brecha económica, sino también un sesgo sistémico en cómo se evalúa el riesgo cuando quien solicita es una mujer.

Esta cifra explica por qué el techo de cristal no siempre está arriba, sino en la puerta de entrada.

La falta de capacitación e información

Johanna Reyes, Directora de la organización Mujeres Emprendedoras, lo pone en palabras directas: el principal obstáculo en los emprendimientos por necesidad es la falta de capacitación e información para atreverse.

"La mayoría de las mujeres piensan que se debe ser ingeniera comercial o saber bastante de contabilidad para ser empresarias, pero no es así."

Los estereotipos y el peso de la doble jornada

El estudio Apoyo al Emprendimiento Femenino en la Alianza del Pacífico plantea que es necesario combatir los estereotipos machistas, reducir el miedo al riesgo y mejorar el acceso al crédito para que más mujeres puedan sostener sus proyectos en el tiempo.

A esto se suma un factor que pocas estadísticas capturan bien: la carga de trabajo no remunerado.

Las mujeres emprendedoras, en su mayoría, siguen asumiendo la mayor parte del cuidado del hogar y los hijos.

Esto reduce el tiempo disponible para dedicarle al negocio, limita la posibilidad de asistir a capacitaciones presenciales y dificulta proyectar el crecimiento con la misma velocidad que un hombre en la misma situación de partida.

A estos obstáculos se suman otros que suelen ser menos visibles, pero igual de relevantes: la falta de redes de contacto orientadas a negocio, la menor exposición a mentorías con experiencia en escalamiento de empresas y la percepción de que “el emprendimiento formal es demasiado complejo” por los temas tributarios y administrativos.


El impacto económico que nadie debería ignorar

El impacto económico del emprendimiento femenino en Chile es innegable. Las empresas lideradas por mujeres generan empleo, mueven sectores como el comercio y los servicios, y sostienen economías familiares en todas las regiones del país.

Su potencial de crecimiento, sin embargo, sigue frenado por barreras concretas: el acceso al financiamiento, la doble carga laboral y los sesgos que persisten en el sistema.

Recursos y fondos para mujeres emprendedoras en Chile

El ecosistema de apoyo al emprendimiento femenino en Chile ha crecido en los últimos años.

Hoy existen programas concretos, con financiamiento no reembolsable, a los que cualquier emprendedora puede postular:

  • Capital Abeja Emprende (Sercotec): El fondo más conocido con foco exclusivo en mujeres. Entrega un subsidio de hasta $3,5 millones para crear o formalizar un negocio, con apoyo en gestión empresarial y capacitación.
  • Capital Pioneras (Sercotec): Programa más reciente, lanzado en 2025 con cobertura nacional. Está dirigido a mujeres que quieren emprender en rubros históricamente masculinos: construcción, minería, manufactura, reparación de vehículos. También entrega $3,5 millones no reembolsables.
  • Semilla Inicia modalidad Mujeres (CORFO): Financia hasta $17 millones con una cobertura del 85% del proyecto. Orientado a emprendimientos en etapa inicial con mayor potencial de crecimiento.
  • FOSIS – Emprendamos: Para emprendedoras en situación de vulnerabilidad que necesitan capital para partir o crecer cuando el crédito bancario no es una opción.

¿Qué necesita una emprendedora para sostenerse en el tiempo?

Arrancar un negocio es difícil. Sostenerlo es donde la mayoría encuentra las mayores barreras.

El dato es contundente: la tasa de negocios establecidos en Chile llega al 7,1%, frente a una tasa de emprendimientos en etapa inicial que la cuadruplica, según el Informe GEM 2026.

¿Qué marca la diferencia entre las que cierran antes del año y las que consolidan?

En general, se identifican tres factores:

  • Orden financiero desde el primer día. Saber cuánto entra, cuánto sale y qué margen deja cada producto o servicio no es un lujo de las empresas grandes. Es la base de cualquier negocio viable. Herramientas de contabilidad y facturación accesibles, como las que ofrece Nubox, permiten tener ese control sin necesidad de ser contadora ni contratar a alguien para eso.
  • Acceso a redes y mentoría. El emprendimiento en solitario tiene un techo. Las mujeres que logran conectarse con otras emprendedoras, mentoras o programas de apoyo avanzan más rápido y se sostienen mejor ante las crisis.
  • Capacidad de adaptarse al mercado. Los negocios que duran son los que saben leer qué necesita su cliente y ajustan su oferta. Eso requiere tiempo, información y algo de disposición a probar cosas nuevas, aunque no todas resulten.

El camino es largo, pero la dirección es clara

El emprendimiento femenino en Chile ha avanzado en los últimos años. La brecha de género se está reduciendo, el impacto económico de las empresas lideradas por mujeres es una realidad y el ecosistema de apoyo, aunque incompleto, es más robusto que antes.

Lo que sigue pendiente es abordar las barreras estructurales: el acceso al crédito, la doble carga laboral y los sesgos que aún pesan en cómo se financia y evalúa el trabajo de las emprendedoras.

Mientras eso se resuelve a nivel sistémico, cada mujer que emprende puede reducir su propio riesgo tomando decisiones informadas, usando las herramientas disponibles y construyendo sobre bases sólidas.

El orden financiero no resuelve todos los problemas, pero elimina uno de los más frecuentes: no saber a tiempo si el negocio está funcionando o no.

Y eso, a veces, es lo que decide si un proyecto cierra o escala.